San Cristóbal y la tragedia del colegio Mariano Moreno que expone una verdad incómoda
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La versión corta para mentes cortas: cómo convertir un problema complejo en un culpable conveniente
"Era solitario, tenia pocos amigos y pasaba mucho tiempo en la computadora"
La explicación fácil siempre gana. Es más cómoda, más rápida y, sobre todo, evita pensar demasiado. Por eso, cuando un chico que fue víctima de bullying cruza la línea y se convierte en agresor, el diagnóstico social aparece casi automático: “era solitario”, “no tenía amigos”, “seguro jugaba muchos videojuegos”. Una cadena de simplificaciones que suenan lógicas en la superficie, pero que se desmoronan apenas se las examina con un mínimo de seriedad.
Reducir un fenómeno complejo a un par de etiquetas no solo es incorrecto, también es peligroso. La violencia no nace de un único origen ni responde a una sola causa aislada. Es el resultado de una acumulación de factores: contextos familiares, dinámicas escolares, ausencia de contención emocional, normalización del maltrato, frustraciones sostenidas, y, muchas veces, una historia prolongada de dolor no atendido. Pero claro, aceptar eso implica asumir responsabilidades más incómodas que culpar a la soledad o a una consola.
Este artículo busca desmontar esas creencias simplistas y explorar lo que realmente ocurre detrás de ese cambio de rol. Porque entender por qué una víctima puede convertirse en victimario no es justificarlo, sino dejar de mirar para otro lado y empezar a comprender el problema en toda su dimensión.
Análisis criminológico del caso Escuela Normal Mariano Moreno, San Cristóbal, Santa Fe
INTRODUCCIÓN
La tragedia ocurrida el Lunes 30 de marzo de 2026 en la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde un adolescente de 15 años perpetró el homicidio de un compañero de 13 años mediante una escopeta calibre 20, no constituye un fenómeno incomprensible o desvinculado de patrones criminológicos reconocibles. Representa, en cambio, la culminación de factores biopsicosociales complejos que operan de forma sinérgica durante meses o años previos al acto letal. Aunque las autoridades educativas no registraron formalmente antecedentes de violencia en el perpetrador, testimonios posteriores de compañeros y familiares revelan un patrón consistente de victimización por bullying. La criminología contemporánea reconoce el acoso escolar sostenido como factor potencial en la transformación de víctima a victimario.
Este análisis examina dicho fenómeno desde múltiples perspectivas: biológica, psicológica, sociológica e institucional, con énfasis particular en cómo la acumulación de factores de riesgo y la ausencia de intervención temprana generan condiciones para la perpetración de violencia grave.
FACTORES BIOLÓGICOS: LA NEUROBIOLOGÍA DEL ESTRÉS CRÓNICO
El acoso escolar prolongado produce alteraciones neurobiológicas medibles. Las investigaciones de Teicher y Samson demostraron que el estrés severo y crónico durante la infancia y adolescencia causa cambios permanentes en estructuras cerebrales críticas para la regulación emocional. El maltrato sostenido mantiene hiperactivado el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, generando segregación excesiva de cortisol y adrenalina que produce un estado corporal de alerta perpetua. Van der Kolk documentó que esta condición neurobioquímica "sensibiliza" el sistema nervioso, aumentando la reactividad ante estímulos percibidos como amenazantes. Para una víctima de bullying escolar, incluso interacciones sociales neutras pueden interpretarse como señales de peligro, activando respuestas de lucha-huida desproporcionadas.
La sobrecarga del eje HPA afecta particularmente la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de la planificación, evaluación de consecuencias y control inhibitorio. Siegel y Hartzell documentaron que en adolescentes bajo estrés crónico, esta región cerebral muestra menor conectividad funcional con estructuras límbicas como la amígdala. Esta desconexión reduce la capacidad del cerebro "racional" de modular las respuestas de la amígdala, estructura que procesa el miedo y genera impulsos agresivos. Paralelamente, la amígdala se vuelve hiperreactiva. En sujetos con vulnerabilidad biológica previa, esta hiperreactividad reduce significativamente el umbral de respuesta violenta. Pequeños estímulos que para otros adolescentes serían rutinarios pueden desencadenar explosiones agresivas.
Un mecanismo adicional relevante es el "kindling" emocional: exposiciones repetidas a estrés intenso generan progresivamente menores umbrales de activación. Cada episodio de acoso "enciende" más rápido el sistema de alerta del adolescente, hasta que el sistema queda en estado de encendido permanente. La presencia de videos documentando hostigamiento en el caso de San Cristóbal sugiere acoso no episódico sino sostenido. Esta repetición sensibiliza biológicamente el cerebro del joven, haciendo que después de semanas o meses, incluso la presencia del agresor en el aula actúe como catalizador de una respuesta explosiva.
FACTORES PSICOCRIMINOLÓGICOS: MECANISMOS DE DEFENSA Y VIOLENCIA
Bandura postuló que los comportamientos agresivos se adquieren a través de observación e imitación. Para una víctima de bullying, el aprendizaje de la violencia sigue una ruta diferente a la de un observador externo. La víctima experimenta que la violencia es una herramienta de dominio, que los "fuertes" imponen su voluntad sobre los "débiles", y que no existen mecanismos institucionales que protejan al vulnerable. Este aprendizaje, asociado a amenaza existencial, se graba más profundamente en la memoria emocional que en la memoria consciente, haciéndola menos explícita pero más automática en situaciones de activación emocional.
En casos de victimización extrema, opera el mecanismo de "identificación con el agresor" descrito por Freud. El sujeto, incapaz de controlar la amenaza externa, incorpora psicológicamente el rol del agresor, ganando así una ilusión de control. En adolescentes con baja autoestima previa, este mecanismo es particularmente probable. La fantasía inicial se transforma en narrativa interna, luego en conducta planificada. Kernberg profundizó este análisis indicando que en personalidades con tendencias narcisistas o borderline, la identificación con el agresor se expresa como necesidad compulsiva de dominio.
El maltrato crónico activa creencias irracionales sobre justicia y merecimiento. Una víctima de bullying sostenido desarrolla cogniciones como "Es injusto; el mundo es injusto conmigo" y "La única forma de que pare es que yo haga algo drástico". Estas creencias generan ira acumulada, no momentánea sino estratificada día tras día, nutrida por la rumiación cognitiva. La rumiación transforma la ira en resentimiento, un estado emocional más crónico y potencialmente más peligroso. Sykes y Matza propusieron que un sujeto que comete actos desviados se justifica mediante "técnicas de neutralización". En víctimas que se convierten en victimarios, la técnica más frecuente es la "negación de la víctima": el agresor reclasifica cognitivamente la interacción como defensa propia tardía, acción necesaria para sobrevivir.
FACTORES SOCIOLÓGICOS: TENSIÓN, EXCLUSIÓN Y DESVIACIÓN
Robert Agnew desarrolló la Teoría General de la Tensión, postulando que la exposición a estímulos negativos genera emociones negativas de alta intensidad que actúan como catalizadores de conductas delictivas. Agnew identifica varias fuentes de tensión en contextos de bullying escolar: fracaso en lograr objetivos deseados, remoción de estímulos positivos, presentación de estímulos negativos persistentes. En el caso de Santa Fe, las autoridades informaron sobre una "situación familiar muy compleja". Esta información sugiere que la tensión no operaba solo en el ámbito escolar sino también en el familiar, multiplicando exponencialmente la carga emocional del joven.
Edwin Lemert distinguió entre desviación primaria y desviación secundaria. Una vez que la sociedad, a través de sus instituciones, etiqueta a un individuo como "desviado", el sujeto frecuentemente internaliza esa identidad. En el contexto escolar, la falta de intervención formal es problemática porque significa que nadie en la institución reconoció oficialmente la victimización ni ofreció una narrativa alternativa. El silencio institucional permite que se consolide una identidad de rechazado.
El aislamiento puede transformarse en una "subcultura de uno solo", donde el joven adopta valores opuestos a los de la sociedad que lo rechaza. "Si ustedes no me aceptan, yo rechazaré sus normas. Si ustedes me hierben, yo haré lo impensable". Esta inversión de valores es un mecanismo adaptativo a corto plazo pero patológico a largo plazo, creando distancia progresiva de vínculos prosociales.
EL FACTOR CRÍTICO: DISPONIBILIDAD DE ARMAS
Un aspecto criminológico frecuentemente subestimado es el papel de la disponibilidad de medios letales. Muchos adolescentes victimizados fantasean con venganza. Sin embargo, la mayoría de estos pensamientos nunca se concretan. Lo que diferencia al caso de San Cristóbal es que el joven tenía acceso a un arma de fuego. Una escopeta es instrumento de caza frecuente en zonas rurales y semirrurales argentinas, guardada en hogares con acceso insuficientemente regulado por menores.
Ese acceso transformó lo que pudo haber permanecido como rumiación cognitiva en un acto de homicidio. La disponibilidad de armas actúa como "factor facilitador" de violencia grave. No causa la intención violenta, pero la amplifica exponencialmente. Un adolescente que planea atacar a su acosador con un puño o un objeto contundente causa daño grave pero probablemente no letal. El mismo adolescente con una escopeta causa homicidio.
La Ley 20.429 regula la tenencia de armas en Argentina, pero la aplicación es débil, particularmente en provincias del interior. Un arma guardada en el hogar puede ser accesible a menores si se almacena sin cerradura de seguridad, si la munición se guarda en el mismo lugar, o si existe permisividad familiar implícita. La facilidad de acceso en este caso sugiere negligencia en regulación institucional.
FACTORES INSTITUCIONALES: LA VIOLENCIA POR OMISIÓN
Debarbieux acuña el término "violencia por omisión" para describir aquella que resulta de negligencia, inacción o silencio de instituciones frente a manifestaciones de violencia. Una escuela que conoce o debería conocer que un alumno es acosado pero no interviene comete violencia por omisión. En Mariano Moreno, los hechos posteriores revelaron la existencia de videos de acoso. Esto sugiere que el fenómeno era visible, al menos para compañeros.
Ortega y Mora-Merchán documentaron que el bullying se sostiene fundamentalmente gracias al "silencio de los testigos". Los compañeros frecuentemente conocen el acoso pero no lo reportan a autoridades adultas por miedo a represalias, identificación con el acosador, normalización del acoso, o código estudiantil de no colaborar con adultos. En San Cristóbal, los videos documentaban el acoso, pero aparentemente nadie rompió el silencio de forma que llegara a la institución educativa. Cuando el silencio se quiebra, es demasiado tarde: únicamente después del homicidio, compañeros y familiares comenzaron a hablar sobre el acoso anterior.
El hecho de que "el sistema educativo inicialmente no registró antecedentes de violencia" es criminológicamente revelador. Indica una desconexión fundamental entre lo que la institución registra formalmente y lo que efectivamente ocurre. Kitsantas y Eckert demostraron que en muchas escuelas existe una "cultura de silencio administrativo", donde incidentes no se formalizan en expedientes porque hacerlo generaría obligaciones legales, reportes a familias, y protocolos que consumen recursos.
INTERSECCIÓN DE FACTORES: EL TRÁNSITO ESPECÍFICO
Los modelos criminológicos modernos reconocen que la perpetración de violencia grave rara vez es producto de un único factor. Múltiples factores interactúan de forma sinérgica. En San Cristóbal, la confluencia fue particularmente letal.
Es posible reconstruir las etapas probables del tránsito: En la fase inicial, el joven experimenta rechazo o maltrato y comienza a percibirse como débil, inferior, rechazado. Con el tiempo, el acoso se vuelve sostenido y la identidad de víctima se consolida. Comienza rumiación sobre injusticia y se desarrollan síntomas depresivos y ansiosos. La depresión se convierte gradualmente en ira y resentimiento. El joven fantasea con escenarios de venganza. Se produce inversión de valores: "Si el mundo me rechaza, yo rechazaré sus normas". Se identifica progresivamente con rol de agresor en fantasía. Semanas o meses previos al acto, la fantasía se "realiza" cognitivamente. El joven piensa en cómo ejecutarla, identifica el instrumento disponible, y desarrolla un plan. Un evento dispara la acción: el joven accede al arma, la inhibición se quiebra, y el acto letal ocurre.
Imágenes de la tragedia:
Una vez ocurrido el homicidio, la respuesta estatal es inevitable: criminalización, proceso penal, pena. Pero esta es respuesta "post-facto" que no restaura vidas. La pregunta criminológica relevante es:
¿Qué hubiese impedido este acto?.
Las respuestas incluyen: detección temprana del bullying más intervención escolar; terapia psicológica para adolescente victimizado; regulación de acceso a armas; protocolo institucional de evaluación de riesgo. Ninguna intervención es "garantía" de prevención, pero cada una reduce probabilidad.
En Argentina, la Ley de Educación Nacional establece el derecho a una educación libre de violencia. Sin embargo, los mecanismos de implementación son débiles. Se requiere capacitación obligatoria de docentes en identificación de bullying; protocolos formales de reporte y escalada con plazos específicos; evaluación periódica de riesgo para estudiantes identificados como victimizados; conexión explícita con servicios de salud mental comunitarios.
La Ley 20.429 debe ser complementada con inspecciones domiciliarias obligatorias en hogares donde conviven menores y armas registradas; almacenamiento seguro obligatorio; separación física de armas y munición; capacitación sobre riesgos para poseedores de armas con menores en el hogar.
La prevención requiere también cambio cultural que desmantele la "ley del silencio" estudiantil mediante campañas que enfaticen: "Reportar bullying no es chivatear; es proteger a un compañero".
CONCLUSIÓN
El caso de la Escuela Normal Mariano Moreno demuestra que el tránsito de víctima a victimario no ocurre de forma abrupta o incomprensible, sino a través de etapas predecibles donde múltiples factores interactúan sinérgicamente. El análisis biopsicosocial revela un cerebro en estrés crónico que pierde capacidad de inhibición, mecanismos psicológicos de defensa que transforman dolor en ira, dinámicas sociales de aislamiento que invierten valores prosociales, instituciones que fallan en su función protectora mediante omisión, y disponibilidad de medios letales que convierten fantasía en tragedia.
Lo crucial es que cada uno de estos factores era modificable. Cada punto de intervención, incluso tardíamente, hubiese podido cambiar la trayectoria. La criminología no puede predecir con exactitud cuál adolescente victimizado perpetrará violencia grave, pero puede identificar los factores de riesgo. Una sociedad civilizada tiene obligación moral de actuar sobre ese conocimiento. Mientras esto no ocurra, el silencio seguirá siendo ensordecedor y los disparos seguirán sonando en aulas que creyeron que "aquí no pasaba nada".
Este análisis se realiza con propósito preventivo y educativo, no para justificar la conducta del perpetrador ni minimizar el daño a la víctima y sus allegados. La Criminología busca identificar y explicar las causas y factores que intervienen en un delito para prevenirlo antes de que este ocurra y un correcto abordaje y tratamiento posterior a este.
BIBLIOGRAFÍA
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